En el camino hacia la formación académica tenemos la
oportunidad de conocer innumerables maestros, cada uno con sus individualidades
y estilos que pueden ser la diferencia entre aprender o simplemente pasar por
el aula en vano.
Un profesor que debe ser siempre reconocido por los cotuisanos
es Ramón Antonio Pérez Otáñez (Polo), maestro de varias generaciones y que con
su forma siempre motiva a la superación personal de cada uno de sus
estudiantes.
Polo, como cariñosamente le conocemos, siempre decía en
voz alta “si logro que por lo menos uno de ustedes cambie y pueda tener una
mejor vida, ya gané y ganó la sociedad”, siempre dice también “la vida es como
las uvas, si las comes verdes son agrias y manchosas, si la comes madura es dulce
y agradable al paladar”.
En el tiempo que estuvo activo sirviendo al sistema
educativo desde el liceo Francisco Henríquez y Carvajal, siempre tuvo un ojo
clínico para identificar los estudiantes talentosos que por miedo escénico o
por temor a equivocarse se mantenían en bajo perfil y asumía el
compromiso de brindar confianza a ese alumno para que
superara sus miedos y pusiera de manifiesto todo su potencial.
Los aportes de Polo a la educación no quedan
únicamente en la educación secundaria, pues con su
intención de
siempre explorar nuevos horizontes, fue parte de los fundadores de la UTECO y
saliendo en una frágil motocicleta, acompañado de Ramón Flores otro inquieto
como él, se dedicaron a promocionar la universidad para que la gente se decidiera
a estudiar.
Grande entre los grandes, maestro de maestros, un
ejemplo para las generaciones actuales, Ramón Antonio Pérez Otáñez (Polo), es
un maestro que inspira.
Por Braulio Matias

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