Felipe Orozco: Una historia no contada
Felipe se casó y formó una hermosa familia, con una chica que todos conocíamos en la familia desde la época en que vivíamos en la calle Hostos. Ellos procrearon unas hermosas hijas que hoy son exitosas profesionales y a las que veo como mis hermanas a distancia.
Conocí a Felipe Orozco hace más de 40 años, cuando vino a Cotuí desde Santo Domingo a trabajar en una de las primeras ONG que se instalaron en esta provincia. Creo que se llamaba CEDE y Tony, mi hermano, comenzó a trabajar allí.
Felipe había llegado a Cotuí solo con la idea de ese trabajo de corte comunitario, que lo conectaba con las comunidades rurales y lo ponía de frente con gente que no tenía nada o muy poco en lo material, pero sí en lo humano, en lo servicial y en lo solidario.
Tony trajo a su compañero de trabajo a la casa, donde ya éramos seis hermanos y dos hermanas, pero le hicimos espacio a Felipe. Aunque no recuerdo bien si se mudó del todo con nosotros o de manera parcial, siempre estaba en el trabajo o con nosotros en la casa, era un tipo divertido y de una cultura general amplia que era un lujo escucharlo hablar de lo que sea, porque sabia casi de todo.
Con él (y con Tony) aprendí a escuchar las canciones de la Nueva Trova Cubana (Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Amaury Pérez, etc.) y también a los grandes artistas de lo que llaman la nueva canción o cantautores como (Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel, Ana Belén, Mercedes Sosa, Luis Eduardo Aute, Patxi Andión y un largo etcétera musical). Les estaré agradecido por siempre.
Años después, en mi segundo trabajo como periodista en el Diario El Siglo, el cineasta Arturo Rodríguez Fernández me regaló un casete con 22 canciones de Joaquín Sabina y creo que no ha pasado un día sin que escuche canciones de ese artista (creo que es mi favorito).
Felipe se casó y formó una hermosa familia, con una chica que todos conocíamos en la familia desde la época en que vivíamos en la calle Hostos. Ellos procrearon unas hermosas hijas que hoy son exitosas profesionales y a las que veo como mis hermanas a distancia.
Luego se volvió a casar y entonces le nacieron hasta mellizos, porque así es Felipe Orozco: de poderoso. Los mejores años de su vida los ha dedicado a cosas puntuales: trabajar con las comunidades, promover el desarrollo cultural de Cotuí y hacer amigos. Creo que tiene más amigos cotuisanos que muchos que nacieron y se criaron aquí.
Cotuí ha acogido a muchas personas que han venido de otros pueblos, incluyendo a mis padres, que me trajeron de Salcedo antes de que yo cumpliera diez años. Pero pocos han tocado tantas almas a través de sus trabajos comunitarios y culturales como Felipe Orozco.
Como en nuestro pueblo somos un tanto tímidos para reconocer a quienes se lo merecen, elevo este texto en reconocimiento a Felipe Orozco, un ser humano que siempre ha tenido las manos extendidas para un saludo y el corazón abierto de par en par para uno de sus cálidos abrazos.
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