Baní: la circunvalación de la muerte, el fracaso anunciado del gobierno



El exsenador Pedro Alegría lo dijo sin diplomacia: es la circunvalación más peligrosa de la República Dominicana. No tiene cuatro carriles, no tiene separador central, no tiene espacio para crecimiento futuro y fue diseñada de espaldas a la realidad del transporte pesado y al desarrollo turístico del sur. Eso no es un error técnico: es negligencia política.




Por  Silvano Pimentel

La circunvalación de Baní no es una obra fallida: es una responsabilidad abierta contra el gobierno que la concibió, la ejecutó y la inauguró con prisa electoral, ignorando advertencias técnicas y sacrificando vidas humanas en el altar de la propaganda. Lo que hoy ocurre en esa vía no es un accidente; es el resultado directo de decisiones políticas irresponsables.

El más reciente siniestro, con tres muertos y múltiples heridos, confirma lo que desde antes de su apertura era evidente: se construyó una carretera estrecha, peligrosa y mal planificada, incapaz de absorber el flujo vehicular del sur del país. Y aun así, fue vendida como “solución vial” mientras se cortaban cintas y se tomaban fotos.

El exsenador Pedro Alegría lo dijo sin diplomacia: es la circunvalación más peligrosa de la República Dominicana. No tiene cuatro carriles, no tiene separador central, no tiene espacio para crecimiento futuro y fue diseñada de espaldas a la realidad del transporte pesado y al desarrollo turístico del sur. Eso no es un error técnico: es negligencia política.

Inaugurada el 14 de agosto de 2025, con apenas 19.8 kilómetros, esta vía ya arrastra una estela de muerte. Al menos una decena de dominicanos han perdido la vida en menos de un año, víctimas de un proyecto que priorizó el calendario electoral sobre la seguridad ciudadana. Cada accidente es una prueba más de que el gobierno sabía —o debía saber— que esta carretera no estaba preparada para operar con seguridad.

Hoy pretenden culpar al conductor imprudente, al camión pesado o al “factor humano”. Esa coartada es vieja y cobarde. El verdadero responsable es el Estado, que diseñó mal, ejecutó peor y ahora guarda silencio mientras Baní se convierte en un cementerio vial.

Esta no es la primera obra improvisada ni será la última si no hay consecuencias. La circunvalación de Baní es el retrato de un modelo de gestión que construye rápido, piensa poco y corrige nunca, un modelo donde la vida del ciudadano vale menos que una inauguración.

El gobierno no puede seguir mirando hacia otro lado. Cada día sin correcciones estructurales —ampliación a cuatro carriles, separador central, señalización real y fiscalización efectiva— es una nueva condena para quienes se ven obligados a transitar por esa vía.

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