Son mangos?, Son bendiciones? o son las dos cosas?

 Cuando les digo a conocidos y desconocidos, a manera de mantra, que «a mí solo me ocurren cosas buenas», es una verdad absoluta. Les cuento. Justo a las dos de la tarde, me asomo al balcón y veo que en al parqueo llegan dos vehículos. Se bajan dos señoras de un carro y un señor de una camioneta.


El señor se sube a la camioneta, abre un saco y les muestra a las damas el contenido.
Los suspiros y murmullos llenaron el espacio. El hombre mete las manos y saca de allí media docena de mangos amarillos, maduros, hermosos y deseables.
Me quedo mirando la escena. Les llena un par de fundas a cada una y yo pregunto desde arriba:
—¿A cómo están los mangos? Quiero una docena. El h
ombre mira desde la camioneta, me señala y dice:

—Miren, es el periodista de Cotuí. Me reí de buena gana porque pensé: «Si me conoce, los mangos serán más baratos».
Nada que ver. El hombre me invitó a bajar con una funda (o una lata) y, después de recordarme mis andanzas por la televisión y algunos programas, dijo que los mangos no estaban en venta, que eran un regalo para sus amigas y que ahora yo también era amigo suyo.
Por eso subí con mi funda de mangos… o de bendiciones, porque así es como los veo. Feliz tardes,

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